lunes, 5 de diciembre de 2011

Descontaminación




Los últimos tres días han sido de vital importancia para redescubrir un gran problema que invade nuestra sociedad. En este mundo tan lleno de divergencias, cometemos el error de desfilarnos por el descarrilado e incierto corredor de las igualdades.

Erróneamente nos detenemos perplejos ante la incapacidad de crear una ilusión idónea para estimular la creación de esa acción que nos distinga.  Inadvertimos la maravillosa capacidad humana de inventar, aprender, desarrollarnos como entes sociales capaces de concebir, transmitir y aprender conceptos totalmente abstractos. Idealizamos enardecidas quimeras que buscan contrarrestar la más pura verdad de todas: existe una diferencia.

Todos somos diferentes, incluso esas pequeñas cosas que nos igualan están acompañadas de unas otras que nos desigualan. Más allá del Ying y el Yang, mucho más lejos del bien y del mal, todos actuamos de formas diferentes conjurando aspectos que nos distinguen aún de nuestros seres más cercanos.

Es el gran error humano de compararnos. De sobreponer nuestras intimas cualidades, convirtiéndonos en obsoletas victimas y transeúntes del vejado camino a la equiparación.

Solo basta con detenerse y descubrir que lo comparado había sido sujeto a comparación por lo contra-comparado, obteniendo sus propios resultados.