
Sin embargo, comúnmente podemos entender la prohibición como el “NO HAGAS”, establecido por una persona jerárquicamente superior a otra, sin necesidad de ser un entorno jurídicamente constituido.
En esta entrada, podrán notar un marcado interés por referirnos a la prohibición. Intentando estudiar este imperativo hasta la más profunda posibilidad de ello, acercándonos a ideas esencialmente consuetudinarias; humildemente concertadas y desarrolladas por el autor.
Existen tres elementos que constituyen la prohibición:
1- Quien prohíbe: es quien impone la prohibición, establece el impedimento al uso o ejecución de algo.
2- A quien se le prohíbe: es a quien se le impone la prohibición, es la persona sujeta al impedimento de uso o ejecución de algo.
3- La prohibición: es el impedimento mismo, la cosa prohibida.
La prohibición como tal, compone una serie de medidas preventivas que buscan alejar al individuo de la ejecución de lo restringido. Medidas preventivas, que luego, se pueden convertir en medidas intimidantes y en consecuencia la llegada del ultimátum.
El primer fallo impuesto por la prohibición, desde su nacimiento, ha sido la misma imposición. El ser humano no es sencillamente ser humano, el ser humano es tener vida, que es la capacidad de desarrollarse en un ambiente. Cuando algo se le impone a un individuo, se le está obligando a modificar su ambiente, creando la imposición y concentrándose en la prohibición a desarrollar y converger ese ambiente.
Entonces la prohibición crea su más devastadora consecuencia. Al momento preciso de su imposición se concibe la más automática y espontánea relación con lo misterioso. Esto promueve el deseo de conocerlo, y más allá, un deseo más intenso: debido a que lo que se le prohíbe al ser humano es su posibilidad de ser feliz. De este modo, a consecuencia de las restricciones impuestas, surge la curiosidad, el individuo se siente estimulado por el camino a la felicidad, le interviene un incesante deseo de buscarla, agarrarla, tomarla, transitarla y vivirla.
Este deseo incesante de descubrir lo prohibido ha existido en todas las civilizaciones y formas de vidas registradas en nuestra historia; actuando la prohibición, la curiosidad y el deseo de felicidad como un estado natural de las cosas. Donde el punto de equilibrio de la situación de ansiedad impuesta al hombre, desde sus orígenes, a sido ocultada por quienes exigen y demandan el cumplimiento de la prohibición, generando a su vez: tabúes, supersticiones e inhibiciones.
La verdadera opresión de la prohibición se manifiesta cuando esta busca restringir algo ya conocido. En esta situación no surge la curiosidad de conocer y alcanzar lo prohibido, porque ya se ha alcanzado y ya se ha conocido, por lo que la sensación de mantener las cosas como estaban antes de la prohibición es más devastadora que la curiosidad. La pasión que crece y que se empeña en abolir la prohibición, el interés profundo en conservar aquello que se pretende alejar, la extraordinaria firmeza que evoluciona al luchar contra lo que se quiere erigir como imposible, se fusiona en una compleja concentración de caracteres indomables que no detendrán jamás la persecución de los fines.
Éxito: para aquellos que persisten en buscar su felicidad, enmarañándose entre miles de caminos espinosos, estrechos e inseguros, arriesgándose por el todo, sin necesidad de aferrarse a fuerzas sobrenaturales, confiando en sus propias convicciones personales, teniendo fe en las consecuciones de su camino.

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