miércoles, 5 de mayo de 2010

El corazón se comió el tiempo

En un pequeño pueblo, ubicado en algún lugar de esos que son casi imperceptibles al alma y a los mapas, se conocieron unos jóvenes que coincidieron en encontrarse en el más plácido momento.

Sus mentes encontraron una paz, se miraban entonando unas delicadas visiones que podrían conducir a inexplicables predicciones. Sus alrededores estaban acompañados de corrientes de aires, no era necesario mediar palabras, era suficiente con escuchar el sonido del viento. El hálito que soplaba al unisonó, recorría los jardines provocando movimientos en el crecido pasto pareciendo un baile ensayado.

La brisa moviendo su pelo, su mano delicada tratando de mantener la postura de su abundante cabellera. Sus labios secos por el viento y su mirada fija en él. El mundo estaba quieto, detenido en el momento, intentando construir un espacio en el tiempo. Queriendo encantar las más apacibles virtudes circunstanciales deciden sentir el roce de sus comisuras labiales, como si hubieran recibido órdenes del viento que silbaba.

Al amor detuvo todo, sus corazones se entrelazaron en el más sereno de los besos. Se amaron.

Su tiempo les pareció una vida, larga como la duración de la condena, pero murió como el ciclo de la misma. El pidió perdón por conocerla, olvidando por completo los párrafos del pasado, aquellos que iniciaron estos versos.

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